Consejos para comprar carne
Comprar carne no solo requiere conocer las características del animal (pollo, cerdo, buey…) sino sus diferentes partes, es decir, cuáles son más tiernas, más secas, cuáles tienen más grasa, más nervios…
Algunos de los trozos más populares son el solomillo, entrecot, costilla de ternera, chuleta, chupetón…
Los principales factores que influyen en la calidad de la carne son:
– La raza del animal.
– El ejercicio que ha hecho animal (cuanto más, mejor).
– La alimentación que recibido (por ejemplo, el cerdo alimentado con bellota o el pollo alimentado con maíz producen carne de mayor calidad).
También son importantes factores como el tipo de muerte del animal y el tipo de corte de la carne, aunque toda esta información no se suele dar cuando vamos a comprar. Sí suele informarse del tipo de pieza, caducidad y precio (y a veces también de lo que ha comido).
Consejos básicos para elegir una carne
Es importante tener en cuenta estos aspectos al ir a comprar:
– Su color, que debe ser rojizo y vivo.
– Su textura, que debe ser tersa y consistente.
– Su olor, un indicativo general para todos los alimentos. No puede oler mal.
– Compra carne recién cortada, antes que carne envasada.
– Pregúntale a tu carnicero/a por el plazo óptimo de consumo de la pieza que compres.
Es importante saber que, al contrario que sucede con el pescado, la carne no es mejor por ser más fresca. La carne del animal recién muerto es demasiado dura para consumirse y deben pasar varios días para que se reblandezca. Piensa que los buenos restaurantes suelen encargar la carne indicando los días concretos que deben pasar tras la matanza del animal (5 días, 10, 15…).
Igual que sucede al comprar pescado, tener un vendedor de confianza te ayudará a comprar mejor. Mantener una relación continuada con él hará que conozca tus gustos, que sepas lo que te va a vender, que te aconseje sobre el mejor producto, que te dé ideas para prepararlo, etc. Puedes empezar pidiéndole consejo sobre cuál es la mejor carne para elaboración concreta o tipos de cocción (a la plancha, estofado, asado…).
Obviamente, en mercados, comercios especializados y pequeños supermercados con carnicería propia podrás entablar una relación más personal con tu vendedor/a que en las grandes superficies. Además, podrás aprovechar su experiencia para ciertas pre-elaboraciones: deshuesar, quitar la piel, quitar la molleja…etc.
El conocimiento de los diferentes tipos de carne también te ayudará a ahorrar. Por ejemplo…
– Hay carnes muy asequibles como el pavo, pato, cerdo, aves de corral o ciertos cortes de ternera y buey, al tiempo que existen múltiples recetas para prepararlas.
– Comprar piezas enteras te ayuda a ahorrar, por ejemplo, comprando un pollo entero. En ese caso tienes que pensar cómo aprovecharás cada parte (las pechugas para rebozar, los huesos para el caldo, etc.)
– Para hacer un estofado no hace falta utilizar un filete, uno de los cortes más caros. Con trozos más duros y con nervio podrás obtener excelentes resultados .
– Antes que comprar un entrecot mediocre puedes optar, por ejemplo, por una buena codorniz: ahorrarás dinero y obtendrás un plato sabroso.
Finalmente cabe destacar que, a diferencia de lo que sucede con el pescado y las frutas y verduras:
– La temporalidad no es un factor tan decisivo en la calidad de lo que compras.
– El precio fluctúa menos, ya que está menos sujeto a cambios climáticos o desastres naturales.
Carne ecológica
Hoy existe una gran proliferación de productos ecológicos. A grandes rasgos, la carne ecológica sería aquella que se produce preocupándose por el bienestar del animal y su alimentación, evitando la manipulación genética, la utilización de antibióticos, hormonas de crecimiento, etc…
El consejo general es interesarse por el producto, su calidad y el origen. Y no olvidar que los términos bio, ecológico, biológico y orgánico significan lo mismo.
– Piensa que para cada plato o receta hay un tipo de carne y corte ideal.
– Es más complicado comprar carne que comprar pescado ya que influyen más factores como el trozo elegido y el tipo de corte.
– La carne congelada puede cambiar de color y oscurecerse, lo cual no significa necesariamente que esté en mal estado. Para comprobarlo, el consejo básico es descongelar y oler.
– No olvides que la carne descongelada no se puede volver a congelar.